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Según una nueva investigación, el volcán Anak Krakatau de Indonesia se derrumbó en diciembre de 2018 como resultado de procesos de desestabilización a largo plazo y no por el magma que se abrió paso hacia la superficie y desencadenó el deslizamiento.
En consecuencia, la horrible tragedia que se cobró más de 400 vidas cuando más de dos tercios de la altura del volcán se deslizaron hacia el mar no podría haber sido detectada por las técnicas de monitoreo actuales, según el equipo dirigido por la Universidad de Birmingham, que publicó los resultados de su estudio revisado por pares en Earth and Planetary Science Letters.
La isla Anak Krakatau se formó en una caldera en el estrecho de Sunda, entre las islas de Java y Sumatra, en la provincia indonesia de Lampung, tras la legendaria erupción del Krakatoa de 1883. En enero de 2012, los vulcanólogos de la Universidad de Oregón habían advertido de la posibilidad de que un tsunami fuera provocado por un posible colapso de los flancos del Anak Krakatau, situado en una pendiente pronunciada en el borde de la caldera.

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