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El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) se ha vuelto a poner en marcha después de una pausa de tres años para realizar tareas de mantenimiento y actualizaciones, y el primer haz se ha enviado por el túnel justo antes de las 10 de la mañana (hora del este).

El LHC funciona rompiendo átomos para separarlos y descubrir las partículas subatómicas que existen en su interior y cómo interactúan.

El CERN, la Organización Europea para la Investigación Nuclear, cerró el colisionador en 2019 para poder llevar a cabo trabajos para hacer los instrumentos más sensibles.

Esto dará a los investigadores una visión de mayor resolución en el interior de los átomos -captando datos 30 millones de veces por segundo- y permitirá más ejecuciones.

El encendido del LHC, de casi 17 millas de largo, es un proceso complejo, que requiere que todo «funcione como una orquesta», especialmente después de la parada prolongada debido a Covid-19.

No se trata de apretar un botón», explica Rende Steerenberg, responsable de las operaciones de la sala de control del CERN en Suiza, donde se encuentra la sala de control del colisionador.

Esto conlleva una cierta sensación de tensión y nerviosismo», explicó, y añadió que muchas cosas pueden salir mal, como obstrucciones en el túnel o problemas con los imanes.

Los físicos de partículas esperan que las actualizaciones les ayuden a descubrir una nueva fuerza fundamental de la naturaleza, que se sume a las cuatro fuerzas básicas -gravitacional, electromagnética, fuerte y débil- y ayude a explicar los fundamentos del universo.

Otra esperanza es que la reanudación de las colisiones ayude en la búsqueda de la llamada «materia oscura», que se encuentra más allá del universo visible y constituye la mayor parte de la materia del universo conocido, según los investigadores.

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