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(Imagen superior de portada : Oumuamua en su trayectoria de salida del sistema solar Foto: NASA/ESA/STScI )

La acumulación de hidrógeno del huésped interestelar en 2017 correspondería al hecho de que no se detectaron compuestos de agua o de dióxido de carbono en su superficie, mientras que las moléculas de hielo de hidrógeno serían demasiado pequeñas para ser rastreadas incluso por las tecnologías ópticas espaciales más avanzadas.

Según un nuevo estudio que pronto se publicará en The Astrophysical Journal Letters, el famoso y desconcertante cometa Oumuamua se originó dentro de una gigantesca nube molecular de la que se separó y se alejó como si fuera un iceberg.

La investigación, publicada por primera vez por la revista Wired, supone que a pesar de que dichas nubes moleculares son más conocidas como viveros de estrellas, ya que se extienden durante años luz, también podrían producir este tipo de icebergs interestelares.

El estudio reveló que debido a que las nubes habrían sido alguna vez lo suficientemente frías como para que el hidrógeno se congelara, el cometa podría estar compuesto de hielo molecular de hidrógeno, lo que también explicaría su extraordinaria forma de cigarro.

«Aunque lo del iceberg de hidrógeno es un poco exótico, explica cada una de las cosas misteriosas de Oumuamua», explicó el coautor del artículo, Darryl Seligman, a Wire.


Seligman sacó a relucir específicamente un aspecto separado de la teoría de su equipo, el que más les entusiasmó, uno que explicaba por qué parecía estarse acelerando más allá de lo que causaría la fuerza de la gravedad. Según una creencia ahora común, la aceleración de Oumuamua fue causada por el llamado desgasificación, típicamente revelado a través de la aparición de compuestos como el dióxido de carbono y el agua. Sin embargo, los investigadores no lograron detectarlos en la desconcertante superficie del cometa.

En el caso de Oumuamua, la emisión de gases podría estar compuesta por hidrógeno molecular puro, que no sería detectado ni siquiera por los telescopios de alta resolución existentes.

La teoría propuesta parece también dar una pista de la legendaria forma de Oumuamua: la radiación cósmica se habría astillado desde diferentes direcciones, lo que explica su forma ovalada, parecida a un cigarro.

Un artículo de abril en Nature Astronomy sobre los orígenes de Oumuamua, que atravesó nuestro sistema solar en 2017, sugirió que el objeto podría de hecho estar transportando los bloques de construcción de la vida a través del universo. El nuevo estudio de los astrónomos Yun Zhang y Douglas N.C. Lin, sin embargo, no descartó la naturaleza alienígena del asteroide hiperbólico, sugerida por el astrofísico y cosmólogo de Harvard, el Dr. Abraham «Avi» Loeb.

En 2018, Loeb supuso que Oumuamua podría ser, de hecho, una nave portadora diseñada por extraterrestres, citando su aparentemente misteriosa capacidad para cambiar de velocidad, una propiedad que despertó curiosidad desde que el asteroide rojizo fue visto transitando por nuestro sistema solar, desde el 14 de octubre de 2017 hasta el 2 de enero de 2018, después de lo cual se volvió demasiado tenue para detectarlo incluso con los telescopios más avanzados.

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