Un equipo de científicos británicos utilizó técnicas de datación por radiocarbono para crear una «máquina del tiempo dental». El hallazgo permitió determinar la dieta, edad y hábitos de cachalotes y orcas varados en las costas de Escocia.
LONDRES / ESCOCIA — En un sorprendente cruce entre la historia nuclear y la biología marina, una nueva investigación científica ha logrado descifrar los secretos de la vida de cachalotes y orcas a través de los residuos radiactivos acumulados en sus dientes. El estudio, publicado en la revista académica Frontiers in Marine Science, utilizó la huella dejada por los ensayos de armas nucleares del siglo XX como un reloj biológico para reconstruir la historia natural de estos cetáceos.
La investigación fue liderada por expertos del SUERC (Centro de Ciencias Isótopas) en colaboración con las universidades de Glasgow, St Andrews y Edimburgo, además de los Museos Nacionales de Escocia.
Una «máquina del tiempo» en la dentadura
Al igual que los anillos en el tronco de un árbol, los dientes de las ballenas forman capas de crecimiento anuales. El equipo científico aplicó análisis de radiocarbono e isótopos estables en estas capas para determinar cuánto vivieron los animales, dónde habitaron y de qué se alimentaron.
La clave del método radica en el aumento y posterior caída del radiocarbono liberado a la atmósfera y al océano durante las pruebas de armas nucleares a mediados del siglo pasado. Al comparar esta «huella» con las capas dentales, los expertos pudieron datar con exactitud en qué época de la historia reciente se formó cada fragmento del diente.
Casos emblemáticos: el cachalote Moby y una orca récord
El estudio analizó muestras recogidas de dos cachalotes y tres orcas muertas en costas escocesas durante las últimas décadas:
-
El cachalote Moby: Varado en el estuario del Forth en 1997, las pruebas revelaron que tenía al menos 43 años al morir. Las capas más profundas de sus dientes no registraron contaminación, confirmando que nació antes de que la lluvia radiactiva afectara el medio ambiente marino.
-
Una orca de 65 años: Muestras de un ejemplar varado en South Uist en 2015 indicaron que superaba los 65 años de edad, lo que lo convierte en uno de los machos de orca más longevos jamás documentados.
-
La orca Lulu y la huella de Sellafield: En el caso de la célebre orca Lulu, varada en 2016, los científicos hallaron un rastro radiactivo distinto: la descarga de radiocarbono procedente de la planta de reprocesamiento nuclear de Sellafield, en el mar de Irlanda.
Una vocación impulsada por un recuerdo de la infancia
El autor principal del estudio, el Dr. Kieran Tierney, explicó que la investigación tiene un trasfondo muy personal. En 1997, cuando tenía seis años, sus padres lo llevaron a ver al cachalote Moby cuando quedó atrapado en el estuario.
«Pocos días después vimos las fotos del animal muerto en la orilla y me surgieron muchísimas preguntas sobre de dónde venía y qué vida había tenido. Esas preguntas impulsaron mi carrera. Poder sostener uno de los dientes de Moby 30 años después y responderlas es algo de lo que estoy realmente orgulloso», destacó el Dr. Tierney.
El proyecto contó con financiamiento del Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC, por sus siglas en inglés) y abre la puerta a utilizar colecciones de museos para seguir comprendiendo el pasado y presente de las poblaciones de cetáceos en los océanos.


